Diez inventos que el cine de ciencia-ficción anticipó

Creo que fue Oscar Wilde quien -al contrario que Aristóteles– dijo que la naturaleza imita al arte. En este caso, la realidad imita a la fantasía nacida del ingenio humano. Muchos de los descubrimientos, aplicaciones, inventos y avances tecnológicos que nos rodean fueron anticipados por el cine de ciencia-ficción. Es cierto que casi la práctica totalidad de esas mismas anticipaciones cinematográficas lo fueron anteriormente en la narrativa, pero eso ha ocurrido casi siempre con el cine, caníbal de la literatura. Vamos a repasar algunos adelantos técnicos y científicos que fueron ilusiones en la pantalla antes de ser realidades en nuestro mundo. También veremos qué novelas fueron pioneras en la descripción de esos mismos adelantos.

ROBÓTICA

“- Tengo datos precisos.”

Si obviamos los autómatas mecánicos, máquinas de vapor y brazos motorizados, los primeros robots aparecen en los años cuarenta del siglo XX. En la actualidad son utilizados para realizar tareas complejas, peligrosas o repetitivas, tales como cirugía, exploración espacial, localización de explosivos, y sobre todo, actividad industrial.

El témino robot (de la palabra checa robota “trabajo forzado”) fue utilizado por primera vez por Karel Capel en su obra R.U.R. de 1920. En 1942, Isaac Asimov introduce el término robótica como disciplina científica y plantea las tres leyes de la robótica en su relato corto Runaround, recopilado después junto con otros en Yo, Robot (1950).

El “SER-MÁQUINA” en Metrópolis (Fritz Lang, 1927) es el primer robot en la historia del cine. Tiene la capacidad de suplantar tanto el comportamiento como la apariencia de una persona. Es lo que hace con “María”, una líder pacífica de los trabajadores, para poder incitarlos a la revuelta y los disturbios, y dar así una excusa al dirigente de Metrópolis para reprimirlos violentamente.

Otros famosos robots cinematográficos han sido: “Gort”, en Ultimátum a la Tierra (Robert Wise, 1951); “Robbie”, en Planeta Prohibido (Fred M. Wilcox, 1956); “C-3PO” y “R2-D2″, en La Guerra de las galaxias (George Lucas, 1977) -”C-3PO” se parece mucho a el “SER-MÁQUINA/María” de Metrópolis, y lo mismo ocurre con “R2-D2″ con respecto a los simpáticos robots de Naves misteriosas (Douglas Trumbull, 1972)-. “Ash” y “Bishop” en Alien (Ridley Scott, 1979) y Aliens (James Cameron, 1986), respectivamente, “Roy” en Blade Runner, (Ridley Scott, 1982), o el Terminator (James Cameron, 1984) y RoboCop (Paul Verhoeven, 1987), han pasado también a la historia del cine, aunque a este último sería mejor considerarlo un ciborg.

VIAJE A LA LUNA

“… -Tengo por lo tanto el honor de proponer, mis valientes colegas, que intentemos esta pequeña experiencia.”

Hubo que esperar hasta 1969 para ver la llegada del hombre a la Luna. Aunque la tecnología del Apolo 11 se parecía muy poco a lo que nos habían mostrado las historias de viajes a la Luna, ese trayecto ya lo había hecho el ser humano anteriormente en la literatura y en el cine.

Julio Verne publicó en 1865 De la Tierra a la Luna, continuada cinco años después con Alrededor de la Luna. Todavía hoy sigue siendo un relato apasionante lleno de sentido del humor y de una asombrosa clarividencia científica.

Sin embargo, hay precedentes a Julio Verne. En Somnium (1634) Johannes Kepler narra un viaje a la Luna por medio de un conjuro mágico. Muchos la consideran la primera obra de ciencia-ficción de la historia. Pero, incluso el relato de Kepler tiene un antecedente, curiosamente también llamado Somniun, escrito en 1532 por Juan Maldonado, teólogo jesuita español. Nos cuenta un viaje utópico a la Luna donde habita una sociedad libre de los pecados capitales.

El primer viaje cinematográfico a la Luna es también la primera película de ciencia-ficción de la historia. Georges Méliès rodó Viaje a la Luna (1902) basándose en De la Tierra a la Luna de Verne y Los primeros hombres en la Luna (1901) de H.G. Wells. Es una película ingenua, de aspecto teatral, donde se utilizaron por primera vez trucos de cámara, inventándose los efectos especiales.

La mujer en la Luna (Fritz Lang, 1929) narra un viaje a nuestro satélite con el fin de encontrar oro. Con destino a la Luna (Irving Pichel, 1950) utiliza un cohete propulsado con energía atómica. De la Tierra a la Luna (Byron Haskin, 1958 ) se basa en la novela de Julio Verne, y La gran sorpresa (Nathan Juran, 1964) se basa en la de H.G. Wells.

VIDEOCONFERENCIA

“… presionó un grupo de botones y en pocos minutos la pantalla reveló el rostro bien afeitado de un hombre de unos treinta, una cara agradable, pero seria.”

A lo largo de todo el siglo XX desde la década de los treinta, y a partir de la aparición de la televisión, hubo muchos intentos de conseguir una comunicación de audio y video técnica y comercialmente viable; sin embargo habría que esperar al desarrollo de distintas tecnologías -satélites de comunicación, ordenadores, teléfonos móviles, codecs de compresión- para que, con la convergencia de todas ellas, fuera ya una realidad a finales de siglo.

La primera referencia a un videoteléfono la encontramos en En el siglo XXIX: la jornada de un periodista americano en el 2889 (Julio Verne, 1891) en donde nos habla del fonotelefoto, capaz de “… la transmisión de imágenes por medio de espejos sensibles conectados por cables” que permite al protagonista “ver claramente a su esposa a pesar de su gran distancia”. En un clásico de la literatura de ciencia-ficción: Ralph 124C 41+ (Hugo Gernsback, 1911) nos encontramos con el telefoto, un dispositivo perfectamente equiparable a un teléfono con señal de video.

El cine nos muestra la primera videoconferencia quizá en Plane Duffy (Frank Tashlin, 1944), un corto de animación de propaganda de guerra, en el que una espía nazi, que tiene atrapado al “pato Lucas”, está en comunicación con Hitler, Goering y Goebbels. Robot Monster (Phil Tucker, 1953), es una infumable serie Z, en la que vemos a unos humanos charlando a través de la pantalla con un monstruo con cuerpo de gorila y casco de buzo -se supone que esa es la parte robótica del monstruo-. En Regreso a la Tierra (Joseph M. Newman, 1955) un científico recibe las instrucciones y los materiales para construir un artefacto, con el que se comunica con un extraño personaje.

Coincidentes en la época con las primeras demostraciones públicas de videoconferencia son Un chalado en órbita (Gordon Douglas, 1966), ciencia-ficción cómica con Jerry Lewis, y 2001: Una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968), en la que vemos a “Heywood Floyd” en comunicación con su hija desde la estación orbital, con la Tierra como fondo.

CIBORGS

“Deirdre se había ido y eso sólo era maquinaria amontonada en un sillón floreado.”

La palabra ciborg -acrónimo en inglés de cybernetic organism- fue acuñada en 1960 para designar a un hombre mejorado tecnológicamente para enfrentarse a entornos extraterrestres. Aunque el término también hace referencia a la síntesis hombre-máquina, aquí nos referiremos a la acepción relativa a un ser humano con implantes biónicos o robóticos -por supuesto, desdeñando la pretensión de que unas simples gafas conviertan a uno en un ciborg-. En 1957 se realizó el primier implante coclear, técnica de alta precisión que logra que pacientes sordos reciban información sonora estimulando el nervio auditivo con señales eléctricas. En 1963 se implantó el primer corazón artificial, logrando que el paciente sobreviviera cuatro días. En 1998 un ser humano fue capaz de controlar luces, puertas y ordenadores a través de la señal emitida por un chip implantado. Esa misma persona, en 2004, con un chip más complejo, fue capaz de conectarse a internet y mover un brazo robótico situado en otra parte del mundo. Los brazos y piernas robóticas son ya una realidad, como el Brazo Digital Boston y las C-Leg.

En el cuento El hombre consumido (Edgar Allan Poe, 1839) vemos, tal vez, al primer ciborg de la historia de la literatura, un soldado despedazado por los indios que, gracias a la tecnología, es recompuesto con varias prótesis. En El hombre que podía vivir en el agua (Jean de la Hire, 1908 ) el “Nyctalope” -un superhéroe, quizá el primero, con visión en la oscuridad- llevaba un corazón artificial. The comet doom (Edmond Hamilton, 1928 ) nos muestra unos exploradores del espacio mezcla de compuestos orgánicos y máquinas. En Galactic Patrol (E. E. Smith, 1937) se describe un ojo artificial. Ninguna mujer nacida (Catherine L. Moore, 1944) trata sobre una bailarina calcinada en un incendio y cuyo cerebro es trasplantado a un cuerpo mecánico.

Aunque en la pelicula hacían referencia a él como un ciborg, el “Terminator” es en realidad un androide, es decir, un robot con aspecto humano, conseguido con la utilización de piel y sangre cultivadas. Si hay una obra de ficción que asociemos claramente con mejoras biónicas en un ser humano, esa es seguramente, la serie de televisión El hombre de los seis millones de dólares.

El inventor “Rotwang” en Metrópolis, y el “Dr.No” en Agente 007 contra el Dr. No (Terence Young, 1962) tenían implantada una mano mecánica.

Tanto en The Creation of the Humanoids (Wesley Barry, 1962), donde los supervivientes de un desastre nuclear crean ciborgs para ayudar en la reconstrucción hasta que éstos se rebelan, y en Cyborg 2087 (Franklin Adreon, 1966), donde una pequeña banda de librepensadores en un futuro en el que está prohibida la libertad de pensamiento envían un ciborg al pasado para evitar que el progreso conduzca al control del pensamiento del futuro -¡qué familiar nos resulta este argumento!-, son más unos híbridos hombres-máquina que humanos implantados. “Darth Vader” (La Guerra de las galaxias) era una colección de implantes para poder seguir vivo, y “Luke Skywalker”, continuando la tradición familiar, también es implantado al perder una mano en El Imperio contraataca (Irvin Kershner, 1980).

INTERNET

“Aunque… están bien. Los sabios nos dicen que cambiaron la civilización.”

En 1969 se conectaron por primera vez dos computadoras a través de la línea telefónica, creando la red ARPANET. En los setenta se adoptó el término “internet” para designar una red que utiliza el protocolo TCP/IP. En 1989 se describió la World Wide Web, creándose un año después el primer servidor, el primer navegador y las primeras páginas web. En diciembre de 2008 se alcanza la cifra de 1.000 millones de personas conectadas a internet.

Quizá sea internet el adelanto que menos se ha visto venir en las obras de ciencia-ficción, y uno de los que más amplias consecuencias está teniendo en nuestras vidas.

Un lógico llamado Joe (Murray Leinster, 1946) es la primera narración donde aparece una red de comunicación global como internet. Los mecanismos de funcionamiento en Un lógico llamado Joe difieren bastante de internet -utiliza relés para acceder a la información solicitada ubicada en almacenes (los equivalentes a nuestros servidores)- pero resulta asombrosa la similitud con nuestra red actual:

“… Yo conseguí a Joe, poco después de que Laurine casi me pes­cara. Ya saben lo que es un lógico. Ustedes tendrán uno en su casa. Tiene el aire de lo que era un receptor de visión, sólo que posee teclas en lugar de conmutadores y usted aprieta la tecla de lo que quiere ver. Está metido en la caja que tiene el circuito Carson todo arreglado con relés. Un ejemplo: aprie­ta la tecla de «Estación SNAFU» en su lógico. Los relés del almacén lo cogen y cualquier programa visión que esté emitiendo SNAFU aparece en la pantalla de su lógico. O aprieta el «Teléfono de Sally Hancock», y la pantalla parpadea y chis­porrotea y ya está usted conectado con el lógico de la casa de ella, y si alguien contesta, tiene una conexión fonovisual. Pero además de esto, si aprieta la tecla del pronóstico del tiempo, o quién ganó la carrera de hoy en Hialeah, o quién era la señora de la Casa Blanca durante la administración Garfield, o qué es lo que está vendiendo hoy PDQ y R, también se presenta en la pantalla. Los relés del almacén lo hacen. El almacén es un edificio grandísimo, lleno de todo lo que se ha hecho en la creación y todos los programas de televisión que se hi­cieron, y está conectado con todos los otros almacenes del país, y todo lo que quiere saber, oír o ver, aprieta la tecla y lo tiene. Muy práctico. También hace cálculos matemáticos por usted, y guarda libros, y le sirve para consultar con el farmacéutico, el doctor o el astrónomo y ver telenovela, con una sección de «Corazones solitarios» incluida. La única cosa que no hará es decir exactamente lo que su mujer quiso dar a entender cuando dijo: «¡Oh! Eso crees, ¿no?», en ese tono suyo tan raro. Los lógicos no trabajan bien con las mujeres. Sólo en cosas que tienen sentido…”

Sorprendente, ¿verdad? Sólo le falta la pornografía y haberle bautizado “Mac” en vez de “Joe”.

En Quemando cromo (William Gibson, 1982) se crea y se desarrolla el término ciberespacio -y no en Neuromante (1984) del mismo autor, como se cree comúnmente-.

Hay muy pocas referencias premonitorias en el cine a algo que se le parezca a internet. En Colossus: El proyecto prohibido (Joseph Sargent, 1970) un superordenador que controla todo el sistema de defensa de Estados Unidos y sus aliados entra en comunicación con otro superordenador soviético de las mismas características -en Juegos de Guerra (John Badham, 1983) es un adolescente quien entra en contacto con un superordenador similar-.
En Edicto Siglo XXI: Prohibido tener hijos (Michael Campus, 1972), sale algo ligeramente parecido a internet. En esta película, en la que se muestra un futuro superpoblado y de escasez de alimentos, se puede elegir en un menú de una pantalla de información la descarga de un archivo audiovisual de un tema concreto. El problema es que si se elige alguna proyección que está prohibida o es sospechosa, se es víctima de un interrogatorio y tortura en el mismo asiento de visualización para saber por qué se ha elegido esa búsqueda. Esperemos que la película no sea demasiado profética, por la cuenta que nos trae.

CLONACIÓN

“- Pero por desgracia -añadió el director- no podemos bokanovskificar indefinidamente.”

Referido al proceso asexual por el que se consiguen copias idénticas a un organismo a partir de su ADN adulto. En 1952 se clonaron ranas utilizando ADN embrionario. En los años siguientes se siguieron clonando distintas especies de animales, siempre a partir de ADN embrionario, hasta que en 1996 se consiguió clonar el primer mamífero -la oveja “Dolly”- utilizando ADN de células de otro organismo adulto. En 2001 se clonó el gato “Copycat”, el primer animal de compañía clonado, y en 2008 se realizó la primera clonación comercial de una mascota.

Condicionantes éticos y legales impiden que la clonación de un ser humano sea una realidad, pero ya existe la tecnología para poder hacerlo.

Un mundo feliz (Aldous Huxley, 1932) narra cómo con el “método Bokanovsky” se consiguen “… noventa y seis seres humanos donde antes sólo se conseguía uno… Uno de los mayores instrumentos de la estabilidad social: ¡Noventa y seis mellizos trabajando en noventa y seis máquinas idénticas!”

En La invasión de los ladrones de cuerpos (Don Siegel, 1956) los humanos son sustituídos por copias exactas. Me casé con un monstruo del espacio exterior (Gene Fowler Jr., 1958 ) tiene un argumento similar. Aunque en ninguno de los dos casos es una clonación tal como la conocemos. Cosa que sí ocurre en Los niños del Brasil (Franklin J. Schaffner, 1978), en la que el “Doctor Mengele” ha clonado a “Adolf Hitler”, diseminando por todo el mundo los retoños de su experimento con la esperanza de conseguir el advenimiento del “IV Reich”.

Parece ser que hay una película de 1971 dirigida por Bob Wynn e interpretada por Leslie Nielsen, llamada La resurrección de Zachary Wheeler, en la que un senador al que se le da por gravemente herido en accidente de carretera, aparece en perfecto estado de salud -el título es perfectamente descriptivo-. Un periodista que vió el accidente, y que se huele algo raro, investigará la historia -planteamiento argumental utilizado en muchas películas de los setenta: Capricornio Uno, Coma, El síndrome de China…-. Los niños del Brasil es la única que tiene un componente realista en toda esta serie de duplicaciones y sustituciones, y es que sólo en esta película los clones necesitan el tiempo y proceso biológicos normales para hacerse adultos. En las demás, los dobles son adultos de inmediato.

PANTALLA PLANA

“… Regresó a su inquieta contemplación delante de la pantalla.”

A mediados de los años sesenta se inventó la pantalla de plasma. Eran monocromas y muy resistentes. En los noventa se fabricaron más grandes y empezaron a comercializarse popularmente. En los monitores de ordenador, las pantallas de TFT han desplazado casi totalmente a la tecnología de rayos catódicos, y en el mercado de las televisiones compiten duramente con las pantallas de plasma.

Quizá la primera idea de una pantalla de televisión plana aparezca en Armageddon: 2419 A.D. (Philip Francis Nowlan, 1928). También en Skylark Three (E.E. Smith, 1930), Primer contacto (Murray Leinster, 1945) y La bestia estelar (Robert Heinlein, 1954)

En cine, la primera aparición del televisor de pantalla plana es en La vida futura (William Cameron Menzies, 1936), adaptación de la novela de H.G.Wells, La forma de lo que vendrá (1933). Nos narra las elucubraciones utópicas de Wells después de un inmediato futuro apocalíptico.

En 2001: Una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968 ) vemos a “David Bowman” tomar registros de distintos parámetros de la nave en una especie de fina carpeta, que, un poco más adelante vemos que también es monitor de televisión.

VIDEOVIGILANCIA

“El Gran Hermano te vigila.”

Forma ya parte del paisaje habitual al que estamos acostumbrados. Cámaras de vigilancia por todos los lados. Pero hubo un tiempo anterior. La primera vez que se hizo uso de esta tecnología fue en 1942 en la Alemanía nazi para observar el lanzamiento de los cohetes V2. En 1968 se instalaron cámaras de vigilancia en las calles de una ciudad por vez primera. A partir de ahí vivimos en un permanente pulso entre seguridad y libertades.

Si pensamos en videovigilancia en una novela de ciencia-ficción, rápidamente se nos viene a la mente 1984 (George Orwell, 1948 ) -por cierto, la expresión “Gran Hermano” no tiene mucho sentido en español, creo que “Hermano Mayor” sería una traducción más correcta de “Big Brother”-. Se insinuó que 1984 era un plagio de Nosotros (Yevgeni Zamiatin, 1921). Orwell reconoció haberla leído, y que influyó en su obra. Si la pérdida de la intimidad es notoria en 1984 a través de la videovigilancia, en Nosotros alcanza su perfección, al ser toda la ciudad de cristal, paredes de las casas incluídas.

Ha habido otras obras anteriores. En A journey in other worlds (John Jacob Astor IV, 1894) se describen unos “ojos magnéticos” que “… en conexión con el fonógrafo, y ocultos por cortinas, es útil a los detectives, que, a través de una grabación adjunta, pueden obtener un registro de todo lo dicho y hecho”. En After Armageddon (Francis Flagg, 1932): “…fue en la telepantalla donde vi a las turbas corriendo a través de las calles”.

Con el cine ocurre lo mismo que con las novelas. Tendemos a pensar que quizá es 1984 la primera película que nos muestra un dispositivo de este tipo, y más teniendo en cuenta que ya se hizo una versión en 1956 dirigida por Michael Anderson e interpretada por Edmond O’Brien y Michael Redgrave. En ella vemos la presencia agobiante del ojo del “Gran Hermano” por todos los rincones de las casas y de la ciudad.

Antes, tenemos Tiempos modernos (Charles Chaplin, 1936) donde el trabajador que encarna “Chaplin” es controlado por su jefe por medio de cámaras cuando va al servicio a fumarse un cigarrillo para liberarse momentáneamente de la locura del trabajo en cadena de la factoría.

ESTACIÓN ORBITAL

“- Bueno, ¿dónde van?, ¿arriba o abajo?”

La “Estación Espacial Internacional”, conocida por sus siglas en inglés (ISS), se puso en órbita en 1998, y es el resultado de la cooperación internacional y de la experiencia acumulada por distintas estaciones orbitales anteriores: las rusas “Salyut” y “Mir”, y la norteamericana “Skylab”. Continúa en construcción y se espera que en 2010 esté finalizada. Tiene capacidad para tres astronautas, y constituye una presencia permanente del ser humano en el espacio. La ISS es el tercer objeto más brillante en el cielo nocturno tras la Luna y Venus.

La primera referencia que he encontrado a una estación en órbita en la literatura de ciencia-ficción es El Príncipe del espacio (Jack Williamson, 1931), en ella se dice: “… la Ciudad del Espacio está montada o construída dentro de un cilindro… El cilindro gira constantemente con tal velocidad que la fuerza centrífuga hacia los lados es equivalente a la gravedad de la Tierra”. Aquí está por primera vez la idea de estación giratoria que hemos visto en tantas obras.

Esta misma idea la asociamos en el cine a 2001: Una odisea del espacio, por la calidad de la película y la fuerza impactante de las imágenes y la música. Pero ha habido otras películas anteriores.

En F de Flint (Gordon Douglas, 1967), pelicula de agente secreto al estilo “Bond” casi paródico, los astronautas americanos de la estación espacial han sido sustituidos por mujeres cosmonautas rusas, en una conspiración por hacerse con el control del mundo.

Mutiny in outer space (Hugo Grimaldi, 1965), donde astronautas infectados con unos hongos lunares contaminan la estación espacial de regreso a casa.

Y la película de la que tengo noticia que primero mostró una estación orbital: La conquista del espacio (Byron Haskin, 1955). Un grupo de astronautas esperan en la estación espacial para lanzarse a una misión a marte. El parecido de esta estación y la de 2001 es evidente.

CONTROL Y COMUNICACIÓN CON EL PENSAMIENTO

“Cuando se desenchufaba, el conocimiento se diluía, pero había otra cosa detrás del conocimiento… “

A través de una interfaz cerebro-ordenador se consigue una vía de comunicacón entre el cerebro y un dispositivo externo. Desde mediados de los noventa se han hecho distintos experimentos en humanos con éxito. Por medio de estos dispositivos se ha conseguido mover el cursor de un ordenador con el pensamiento, controlar una mano artificial, jugar una partida de Space Invaders, crear imágenes en un ordenador, controlar un entorno virtual, o que un ordenador sea capaz de interpretar correctamente las ondas cerebrales de una persona, es decir, “leer” su pensamiento. Ya se comercializa un juego que consiste en una partida de dos jugadores en la que deben empujar una bola contra su contrincante con el pensamiento. Hay tres tipos de interfaces cerebro-ordenador: invasivas, que se implantan directamente en el cerebro; parcialmente invasivas, implantadas dentro del cráneo, pero fuera del cerebro; e interfaces externas.

Así ocurre en Masson’s Secret (Raymond Z. Gallun, 1939) en donde por medio de un receptor-transmisor conectado a un cerebro con implante, se puede ver y oir todo lo que esa persona ve y oye, incluso tomar el control de ese ser.

En Servicio de reparaciones (Philip K. Dick, 1955) también ocurre un proceso similar, los swibbles, dispositivos orgánicos inventados por el hombre, controlan la mente humana.

La torre de cristal (Robert Silverberg, 1970) nos muestra a humanoides diseñados recibiendo información directamente de un ordenador.

Firefox (Craig Thomas, 1977) es un caza que se controla con la mente.

Ojos de víbora (Tom Maddox, 1986) nos describe un implante en el cerebro para estar conectados al ordenador sin necesidad de teclados ni ratones.

Aparte de telepatías y telequinesias gracias a magias como “la fuerza” de La guerra de las galaxias, o poderes paranormales inexplicados como en Carrie (Brian de Palma, 1976), y concentrándonos sólo en la comunicación del pensamiento gracias a dispositivos tecnológicos o procesos médicos o científicos, la primera referencia la encuentro en La mujer y el monstruo (George Sherman, 1944) -no confudir con Creature from de Black Lagoon (Jack Arnold, 1954) también llamada La mujer y el monstruo en España- donde el cerebro de un millonario que ha sufrido un accidente, y que se conserva con vida gracias a descargas eléctricas en una solución salina, desarrolla capacidades telepáticas.

Conquistaron el mundo (Roger Corman, 1956) nos muestra un venusiano que con ayuda de un dispositivo domina la mente de los humanos para hacerse con el control del mundo.

En Alphaville (Jean-Luc Goddard, 1965), “Alpha 60″ controla la mente de los hombres.

En Scanners (David Cronenberg, 1981) la adminstración de una sustancia en mujeres embarazadas provoca que los hijos nazcan con capacidades telepáticas.

Por fin, en Firefox (Clint Eastwood, 1982) vemos controlar una máquina compleja -un caza supersónico soviético- con el pensamiento ayudándose de una interfaz cerebro-ordenador no invasiva: un casco. Eso sí, debe pensar en ruso para que la máquina lo entienda.

Lo que está al llegar

Hay ciertos avances imaginados por la ciencia-ficción que su realización parece bastante cercana: el viaje tripulado a Marte, que pudimos ver llevado al cine por primera vez en fechas tan tempranas como 1918 en Himmelskibet (Holger-Madsen).

Una base permanente en la Luna, en las ya mencionadas Un chalado en órbita y 2001: Una odisea del espacio.

Estos dos proyectos dependen más de la disponibilidad económica y de la voluntad política para acometerlos que de las dificultades tecnológicas inherentes.

La holografía sin soporte físico. Ya disponemos de hologramas fotográficos y “telepresencia”. Es posible que pronto veamos hologramas como en THX 1138 (George Lucas, 1971).

A medio plazo

Es muy díficil predecir cuánto se tardará en disponer de un adelanto, pero parece que nos llevará unas décadas convertir en realidad los siguientes avances:

La Inteligencia artificial comparable a la humana, es decir, máquinas capaces de razonar, quizá de sentir.

La hibernación, como en El planeta de los simios (Franklin J. Schaffner, 1968 ) y 2001: Una odisea del espacio.

La realidad virtual en la que el ser humano se sumerja y la sienta como verdaderamente “real”, tal y como ocurría en TRON (Steven Lisberger, 1982) y Proyecto Brainstorm (Douglas Trumbull, 1983).

Quizá en un futuro distante

Otros adelantos, sin embargo, parecen bastante lejanos, tal vez nunca puedan llegar a realizarse: la teletransportación, desmaterializarse y volver a recomponerse en otro lugar como en La mosca (Kurt Neumann, 1958).

El viaje interestelar a través de puertas cósmicas, como el monolito de 2001, o los agujeros de gusano en Contact (Robert Zemeckis, 1997).

Terraformar un planeta para hacerlo habitable para los humanos. En Star Trek II: la ira del Khan (Nicholas Meyer, 1982), Aliens, y Desafío total (Paul Verhoeven, 1990)

Una máquina del tiempo como la de H:G: Wells en El tiempo en sus manos (George Pal, 1960) o en Los pasajeros del tiempo (Nicholas Meyer, 1979).

Es posible que en todas las épocas el ser humano haya tenido la sensación de que ya está todo inventado, el sentimiento de que pocos avances nos sorprenderán ya en el futuro. Seguro que los autores de ciencia-ficción seguirán inventando maravillas venideras que algún día se convertirán en realidad, y podremos llegar a disfrutarlas o… padecerlas.

Fuente: http://kinefilia.wordpress.com/2009/02/19/diez-inventos-que-el-cine-de-ciencia-ficcion-anticipo/

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